

Junto a ella vivimos de forma emocionante su infancia, su juventud junto a los grandes artistas parisinos de los que fue amiga o amante, y su difíciles años finales.
Retratada por Man Ray (que le hizo una de sus fotos más célebres, Le violon d’Ingres), Calder, Modigliani, Pascin o Chagall, y de ella nos ha quedado mucho más su condición de amante de pintores y protagonista de sus juergas que su faceta de pintora o actriz.
El cómic nos muestra tanto su alegría, su sensualidad y su franqueza en lo sexual como sus momentos de melancolía y su decadencia, que va a la par de la crisis económica que sucedió a los felices años veinte, y a los efectos de la Segunda Guerra Mundial, tras la cual vivió unos años en los que ya no había cabida para la bohemia.
Un gran cómic no solo por sus casi 400 páginas, que nos muestra el destino injusto de una mujer que supo protagonizar su vida con libertad aunque se le hiciera pagar por ello.
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